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“La muerte me traía de la mano”

Cáncer

“La muerte me traía de la mano”

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Andrés Medina fue diagnosticado hace cinco años con mieloma múltiple, un tipo de cáncer en la médula ósea. Es un superviviente a pesar de todos los pronósticos, tiene 57 años, los últimos diez la enfermedad ha estado presente en su vida. Ve aquí el video
 
Antes de enfermar era un hombre lleno de trabajo, contratista, dedicado a la construcción, casado, con dos hijos muy jóvenes, por ahí del 2004 construía su casa y unos locales para rentar, pero la vida le tenía preparados dos retos, primero una meningitis y luego un cáncer.
 
La meningitis lo mantuvo 22 días en estado de coma y al despertar le dejo secuelas para siempre: vértigo, cansancio, dolores de cabeza y falta de memoria a corto plazo. La meningitis es una enfermedad producida por una infección bacteriana de las membranas que cubren el cerebro y la médula espinal que puede causar daño cerebral incluso la muerte.
 
Vivió seis años con secuelas, mareos, caídas, temblor en las manos y lentitud al hablar, sin embargo, Andrés siguió trabajando y llevando una vida lo más normal posible, mantuvo el ritmo, hasta que un día, cargando un motor de volkswagen, sintió un dolor en la costilla que lo inmovilizó por más de un mes, en 30 días visitó masajistas, hueseros, quiroprácticos, ortopedistas hasta que por fin en el Instituto Nacional de Rehabilitación escuchó por primera vez la palabra quimioterapia.
 
“Llegué al Instituto Nacional de Rehabilitación con unas radiografías, mi primer diagnóstico fue fractura, estuve diez días internado esperando una cirugía hasta que el día de la operación un médico miró mis radiografías y me dio de alta, sólo dijo que no era una fractura y que habría que hacerme una biopsia, la hicieron y días después cuando recogí los resultados, el doctor hablo de células plasmáticas, dijo que con quimioterapia me curaría, ahí entendí que se trataba de cáncer. El diagnóstico fue desbastador, a partir de ese momento yo sentí que traía a la muerte de la mano”, cuenta.
 
Le cambió el carácter
El cáncer, dice, truncó mis planes, cambio mi vida, mi carácter, mi ritmo, mis prioridades, mi personalidad, yo era agresivo, explosivo, era de los que tomaba la camioneta y desde que salía de casa iba peleándome con la gente, cerrándome, dispuesto a contestarle a todo aquel que quisiera alimentar mi agresividad. La gente me tenía miedo, hoy me tienen lástima.
 
Ahora Andrés es un hombre amable, relajado, lo que más resalta en él es su buena actitud, dice que lo más difícil del cáncer ha sido programar su mente con pensamientos positivos para tener fuerza para luchar.
 
Estuvo un año en quimioterapia y radioterapia, al segundo año tuvo una cirugía, desde hace cinco está en continua revisión, primero cada tres meses, después cada seis, ahora cada año. Es un superviviente de cáncer como muchos con una nueva normalidad en su vida.
 
El dolor que nunca se va
Vive con dolor, cuando se le pregunta del 1 al 10 cuanto me duele contesta que 25. Hasta el año pasado tomaba morfina para eliminar el dolor de cabeza y espalda. Ahora sigue con medicamentos menos agresivos y pastillas para dormir. No tiene dinero, ni trabajo.
 
Es uno de los mil supervivientes que forman el primer registro nacional de supervivientes realizado por el Instituto Nacional de Cancerología que revela que un 80% de ellos tiene dolor y secuelas de la quimioterapia, su principal temor es que el cáncer regrese, pero un 60% de ellos no lleva una vida saludable, un 15% fuma y 80% tiene sobrepeso, 55% sufre discriminación social y 30% laboral. Un 60% de ellos comparten un miedo recurrente: que el cáncer regrese.
 
Andrés coincide con las estadísticas, pero el no tiene miedo de que el cáncer regrese a su vida. Porque aunque se fue, se la cambió toda, hoy su día a día es totalmente distinto. No puede trabajar, las secuelas no le permiten maniobras necesarias en la construcción, tampoco se siente con la capacidad mental de controlar a trabajadores. Así que para mantenerse ocupado todos los días asiste al Centro de Atención Integral del INCAN, ahí va al psicólogo, toma clases de baile, yoga y nutrición.
 
No se da por vencido
Todos lo saludan con cariño, el personal y los otros pacientes que ocupan el lugar durante las largas horas de espera para sus citas. “Este lugar me ha mantenido ocupado, con la mente sana”, dice.
 
Se mantiene de la ayuda de su madre, esposa e hijos, pero esa parte le cuesta trabajo aceptarla. “No es fácil ser el proveedor y después afectar tanto a tus hijos y a tu mujer y es que el cáncer te trunca todo en la vida”.
 
“Hoy disfruto más mi vida, yo veo muchos compañeros con metástasis que ya no quieren pasara por lo mismo, esas tres horas sentado en un sillón con cuatro o cinco bolsas de medicamento pasándote por la vena. Pero yo les digo, si te fueras a morir mañana que padre, pero no será así, y si no luchas el dolor que causa el cáncer es peor”, dice.
 
“El librito dice que mi cáncer se expande rápido por los huesos, pero en mi caso se encapsuló y se lo atribuyo a Dios, al Instituto Nacional de Cancerología y a mi actitud, porque en está enfermedad si te das por vencido te mueres. Yo mismo creí que moriría cuando me diagnosticaron y sigo aquí con una sonrisa y hace mucho le solté la mano a la muerte”.

 

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