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Hacer ejercicio, menos probabilidad de morir joven

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Hacer ejercicio, menos probabilidad de morir joven

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De acuerdo con dos recientes estudios, aunque la práctica de actividad física durante al menos media hora diaria es suficiente para mantener la salud, el riesgo de morir joven disminuye considerablemente cuando la cantidad de ejercicio se incrementa moderadamente.

Bajo el título Leisure Time Physical Activity and Mortality, un estudio reunió información sobre los hábitos de ejercicio de más de 660 mil adultos, casi todos de mediana edad.
 
Los expertos los dividieron en diferentes grupos, desde aquéllos que no practicaban ninguna actividad física, hasta quienes se ejercitaban 10 o más veces, y después comparó sus registros de mortalidad durante los últimos 14 años.
 
Como un primer resultado, se encontró que los que llevaban una vida netamente sedentaria corrían mayor riesgo de morir prematuramente.
 
No obstante, quienes se ejercitaban poco, aún sin cumplir con las recomendaciones mínimas, disminuían dicho riesgo en 20 por ciento.
 
Por su parte, aquellos que si cumplían con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) -30 minutos diarios de ejercicio-, corrían hasta 31 por ciento menos riesgo.
 
Los científicos también descubrieron que las personas que realizaban ejercicio moderado durante 450 minutos a la semana –el triple de la recomendación de la OMS- elevaban su esperanza de vida hasta en 39 por ciento.
 
Finalmente, aquellos individuos que se ejercitaban 10 o más veces la recomendación mínima, disminuían su riesgo de morir en porcentajes similares a los de quienes se apegaban a los 30 minutos al día.
 
Esto significa que, a pesar de las largas horas invertidas en actividades físicas, su ganancia en salud no era muy distinta a quienes se sujetaban a los tiempos mínimos de ejercicio recomendado.
 
En lo que toca al segundo estudio, Effect of Moderate to Vigorous Physical Activity on All-Cause Mortality in Middle-aged and Older Australians, sus autores llegaron a conclusiones similares.
 
Tras examinar los hábitos de ejercicio de más de 200 mil adultos australianos y determinar cuáles calificaban como vigoroso y cuáles como moderado, los compararon con las respectivas estadísticas de mortalidad.
 
Lo mismo que en el estudio anterior, confirmaron que ajustarse a los mínimos recomendados reducía sustancialmente el riesgo de una muerte temprana, incluso si la actividad física era moderada, como caminar o jugar un partido de dobles de tenis.
 
Asimismo, cuando el ejercicio era vigoroso, aunque sólo se practicara ocasionalmente, el riesgo disminuía un poco más.
 
Por ejemplo, quienes invertían 30 por ciento de su tiempo de ejercicio semanal en actividades vigorosas resultaron 9 por ciento menos propensos a morir jóvenes frente a los que se ejercitaban moderadamente.
 
Cuando el ejercicio vigoroso ocupaba más de 30 por ciento de total de tiempo de ejercicio a la semana, ese porcentaje se elevaba a 13 por ciento.
 

Finalmente, contrario a lo que algunos puedan pensar, el ejercicio vigoroso o las largas sesiones de actividad física intensa, aunque no disminuyen drásticamente el riesgo de morir prematuramente, tampoco ponen en peligro la vida, según concluyeron también ambas investigaciones.

 
Para Klaus Gebel, investigador de la Universidad James Cook en Australia y uno de los autores del estudio, la dosis para sacar el mejor provecho del ejercicio en términos de longevidad y salud consiste en “ejercitarse, cuando menos, en 150 minutos a la semana y dedicar de 20 a 30 minutos de ese tiempo a actividades vigorosas”.
 
 

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