Toxina en alimentos puede causar cáncer

Investigación de la UNAM afirma que el riesgo más alto de desarrollar esta enf...

12/07/2013 10:09
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La leche, el huevo, el pollo, los lácteos y los cereales como el arroz pueden estar contaminados con aflatoxinas, metabolitos del moho de tipo Aspergillus flavus y A. parasiticus, que se ha comprobado son cancerígenos.

De acuerdo con Magda Carvajal Moreno, investigadora del Instituto de Biología (IB) de la UNAM, cuando consumimos alguno o todos estos productos de forma regular en la dieta, los metabolitos se van almacenando en el ADN y le causan mutaciones que pueden derivar en malformaciones en fetos, abortos y cáncer de diversos tipos como de hígado, páncreas, colorectal, de pulmón, o cervicouterino.

La científica señaló que los alimentos son los principales responsables que los humanos desarrollen cáncer, seguido por malos hábitos como el tabaco, y finalmente las infecciones con el 36, 31 y 11% respectivamente.

Carvajal señaló que los productos que pueden estar contaminados con las mico toxinas son maíz, arroz, cebada y sorgo, cacahuate, cacao, nueces y pistaches, así como frutas secas y especias como pimienta y chiles secos, entre otros.

Cuando los productos están almacenados, este tipo de hongos pueden reproducirse con facilidad, dijo la invesigadora, y son indetectables porque no se ven, ni producen sabores y u olores extraños.

Otra de las características de estos hongos es que pueden soportar grandes temperaturas, hasta 320 grados centígrados y aún con procesos de cocción, ultrapasteurización, nixtamalización y fermentación, sobreviven.

Son insolubles en agua y solubles en solventes orgánicos como metanol, etanol, benceno y cloroformo.

 Aunque actúan en millonésimas de miligramo, son los cancerígenos biológicos más potentes que se conocen, aseveró.

Sus efectos agudos en humanos se manifiestan por la ingestión en altas concentraciones en poco tiempo y causan vómitos, abortos y diarrea; tienen efectos crónicos si se toman en cantidades bajas durante años; provocan malformaciones en fetos, cáncer, inmunodepresión y hasta la muerte.

Para llegar a estas conclusiones, Carvajal y su equipo realizaron un estudio en pollos y tortillas y descubrieron que las micotoxinas se encontraban en los tejidos que son consumidos por humanos.

En total se halló la presencia de 209 microgramos de aflatoxinas totales en el hígado, 988 microgramos en mollejas y 150 en pechuga. Mientras, en la yema de huevo hallaron un promedio de 102, y en la clara 28. Asimismo, la gallinaza (excremento de gallina), que se utiliza para alimentar al ganado, contiene 39 microgramos.

El trabajo fue realizado en el Centro de Enseñanza, Investigación y Extensión en Producción Avícola (CEIEPAv) de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia, y se experimentó concon 26 gallinas Hy-Line W36 121, que se dividieron en tres grupos. Al primero se le dio alimento sin aflatoxinas, a otro se le suministraron 30 microgramos por ocho días, y al tercero 500 microgramos en el mismo lapso de tiempo.

“Las cantidades reportadas son del grupo control con alimento sano, que representa a las gallinas y pollos con su contaminación normal de aflatoxinas, y que consumen los humanos”, especificó.

Si un ave está infectada, su hígado se decolora, hay hepatitis, así como hemorragias visibles en pechuga y piernas.

 “Un ama de casa debe saber que esta víscera, al estar sana, debe ser de color guinda y lisa, si está decolorada, roja o amarillenta, tiene aflatoxinas”, alertó.

Asimismo, se realizó un muestreo en 96 tortillerías de las delegaciones del Distrito Federal. “Analizamos 800 kilogramos de tortillas de harina de maíz y encontramos que entre 17 y 20% estaban contaminadas, es decir una de cada cinco tortillas”.

De igual manera, se analizaron 600 litros de leche de las principales marcas en la Ciudad de México, una de ellas resultó con alto índice (86%) de contaminación, aunque prácticamente todas, pasteurizadas o ultrapasteurizadas, tuvieron más de 50%.

“También analizamos alimento para perro y gato. En el primer caso, prácticamente 100 por ciento está contaminado; en el segundo, el 80”, comentó.

Tener en el cuerpo tanta cantidad de aflatoxinas puede provocar cáncer, señaló la investigadora, porque “los seres humanos tenemos protooncogenes que provocan esa enfermedad, pero están dormidos; las aflatoxinas los activan y ocasionan que las células muten. En esta fase todavía se eliminan del organismo mediante la orina”, detalló.

Sin embargo, luego de casi 40 años de consumir alimentos contaminados e irlos fijando al ADN, éste se daña, hay un error en la reparación, replicación e integración. El gen mutado es irreversible y aquí inicia el proceso canceroso; después, la célula es transformada y viene el tumor maligno primario, en el que ya deben intervenir médicos, radiaciones y operaciones.

Es difícil modificar los hábitos alimenticios de la población, pero sí se le pueden proporcionar productos sanos mediante un adecuado almacenamiento; es decir, contar con depósitos secos y fríos para evitar el crecimiento de los hongos que las producen. (Fuente: UNAM)


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