Sadorexia, un nuevo trastorno alimenticio

Niños y adolescentes prueban métodos cada vez más agresivos para evitar proba...

26/01/2010 12:43
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Sadorexia, un término de nueva creación con el que se pretende explicar cómo trastornos alimenticios como la bulimia, anorexia y ortorexia, pueden llevar a jóvenes y adolescentes, desde los 13 años de edad,  a extremos de angustia que los orilla a la autoflagelación, como un método que les permita “distraerse” de su necesidad de comer.

En entrevista con sumedico, el doctor Armando Barriguete, asesor de la Secretaría de Salud, refirió que este tipo de padecimientos se registran en edades de 13 años en las niñas y de 15 en los niños, es decir, la proporción es de 3 mujeres por un hombre, por lo que los trastornos alimenticios no son sólo un problema del género femenino.

Aclaró que la sadorexia no es considerada como una enfermedad, sino que se trata de la unión en una palabra de dos características que son frecuentes en un grupo de población que registra un severo rechazo a comer a fin de mantener el máximo de esbeltez; así, anorexia y la bulimia se conjuntan con una característica sádica, es decir, la  tendencia a hacerse daño o realizar acciones  violentas sobre sí mismo.

El especialista refirió que cuando se trata a una persona con alteraciones en la conducta alimentaria, es necesario establecer  con claridad su perfil, “es decir, puedo o tener un trastorno de la alimentación con una personalidad obsesiva, o depresiva, o dependiente”.

La situación es más grave, puntualiza, cuando el tipo de personalidad es limítrofe, “de aquellos que denominan under line,  pues las conductas sádicas son mayores, con más frecuencia en mujeres que hombres.

“Hay una dificultad de control de impulsos, es gente muy impulsiva y se pone en situaciones de riesgo;  son gente  que llega a dañarse, a infringirse lesiones…  puede llegar a tener intentos de suicidio, pero  esto resultado de su personalidad impulsiva”, explicó.

Al no tener control,  no tienen un buen manejo de sus impulsos, “es decir, en  lugar de salir corriendo, lo que sucede es que utilizan esta energía y se llegan a causar lesiones, desde morderse los labios, morderse la mano, como cuada se está nervioso y se  muerde las uñas, pero de manera mucho más agresiva, hasta llegar a utilizar objetos punzocortantes.

Armando Barriguete subrayó: “Dicen los expertos que los pacientes buscan una amanera de distraer la angustia con dolor… liberarse de esa ansiedad de sentir un cuerpo que no aceptan, de un estado de ánimo que no les gusta, en ambos casos está  asociado a la alimentación y al peso”.

El hecho, prosiguió, es que la persona busca de dónde “agarrarse”, es decir, asume una actitud restrictiva para no engordar, pero nadie puede dejar de comer, entonces consume alimentos y puede llegar al síndrome del “atracón” –que es comer de manera desmedida-, lo cual a su vez le provoca un sentimiento de culpa, y entonces vomita.

Aislamiento, una laceración más

El especialista de la Secretaría de Salud enfatizó que los trastornos de alimentación, en general, tienen un efecto secundario grave, que es el asilamiento, “tienden a esconderse para que la gente no se dé cuenta de que tienen miedo a comer, que tienen miedo a subir de peso”.

Apuntó que entre el 30 y 40 por ciento de los pacientes con estos síntomas, registran cuadros de depresión y ansiedad, ante lo cual es de suma importancia que las familias tomen en cuenta cualquier comportamiento de sus hijos, sobre todo cuando existen factores de riesgo como antecedentes de de adicciones, alcoholismo o violencia.

El asilamiento, es una de las formas de laceración social más grave en los jóvenes con problemas de desorden alimenticio, el cual se presenta hoy de manera lamentable en cualquier familia, cuando antes eran casos extraordinarios; esto porque ahora la modalidad  es que el adolescente se relacione con su cuerpo basándose en estereotipos de extrema esbeltez.

El doctor Armando Barriguete destacó la importancia de que los padres atiendan los cambios de conducta de sus hijos, no esperar a remedios caseros a acudir a personas que no son especialistas, es necesario acudir de inmediato al médico.  “Menos de 6 meses una muy buena respuesta de acción cuando el  hijo empieza a presentar un alteración;  más de 6 meses ya empieza a ser peligroso y delicado”, afirmó.

Esto sobre todo porque cuando un joven o adolescente asume una actitud restrictiva en el consumo de alimentos, comienza a presentar cuadros de desnutrición, disminuye la calidad de su piel, uñas, cabello, tiene problemas de masa muscular y ósea,  en el caso de las mujeres hay importantes alteraciones en su ciclo menstrual.

Y cuando hay una actitud purgativa, esto causa erosión en todo el cuerpo a causa de la pérdida de líquidos y sales, tiene qué ver con la contracción de los músculos que derivan en calambres, además de que se deben atender problemas gastrointestinales como las úlceras, o el relativo a la pérdida de dientes, entre otros. 
 
La segunda generación de trastornos alimenticios

En diversos registros médicos, la sadorexia se considera un trastorno alimenticio de 2ª generación, que conjuga comportamientos anoréxicos, bulímicos, ortoréxicos, junto a un maltrato corporal y el empleo de métodos de adelgazamiento masoquistas que infringen dolor y quitan las ansias de comer, provocando pérdidas de peso rápidas y permanentes.

Son personas que pertenecen al grupo más extremo de las anoréxicas, denominadas “Anas”, que engloba a quienes no tienen conciencia de la gravedad de sus actos y pueden llegar a límites insospechados, incluso al suicidio, si no se aceptan como son.

De acuerdo a  cuán involucradas estén con la enfermedad, las personas con sadorexia encajan en alguna de las siguientes tipologías: las novatas, se reconocen como “wanabe”; las que rinden culto a la delgadez extrema son “porcelanas” y finalmente las “extreme”, son aquellas que hacen cualquier cosa para bajar de peso, incluyendo las autolesiones.

En las personas sadoréxicas, estas formas de actuar, una vez combinadas, satisfacen sus necesidades de autoimagen, autocontrol y autoestima mucho mejor que los trastornos alimentarios clásicos, con “la ventaja” de que al mismo tiempo alivian profundamente la ansiedad y no despiertan sospechas en familiares o amigos.


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