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Perro robado no olvidó a su familia tras dos años

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Perro robado no olvidó a su familia tras dos años

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Benito es un perro que vivía feliz con su familia, pero un sábado por la tarde todo cambió: fue robado de los brazos de su dueña. Dos años después volvió a casa.

Carla, su dueña, relata que un sábado de verano salió a pasear con Benito quien amaba correr hasta quedar agotado, seguir pájaros y tomar el sol.

Benito tenía poco más de un año y había llegado a la vida de Carla y su familia tras la muerte de Vico, otro perro que los acompañó 15 años.

Tras caminar dos cuadras, un sujeto con signos de haber tomado alcohol o ingerido drogas, se cruzó en el camino de Carla y con un cuchillo le pidió su celular y el reloj.

A pesar de que le dio lo solicitado, él no estaba satisfecho así que decidió llevarse a Benito a pesar de las súplicas e intentos de Carla por evitarlo.

Cuando el incidente sucedió, Carla quien no dejaba de llorar, corrió a la comisaría a poner la denuncia correspondiente.

“Estaba segura que lo iba a recuperar, que iban a pedir rescate, y estaba dispuesta a pagar lo que sea con tal de tenerlo de vuelta”, narra.

Nunca dejó de buscarlo

Carla estaba decidida a recuperar a su querido amigo, así que publicó su información en todas las páginas de Facebook de mascotas perdidas y colocó carteles en los negocios y transporte público de su comunidad, por lo que la noticia se esparció rápidamente.

Sin embargo, los días pasaban y no había noticias de Benito, ese peludo blanco de orejas puntiagudas que había devuelto la alegría al hogar.

“Todas las noches me iba a dormir mirando su foto y rogaba con todas mis fuerzas encontrarlo vivo. O que al menos quien lo tuviera lo quisiera y cuidara mucho. No podía hacerme a la idea de no verlo más”, dijo.

En la campaña de búsqueda, Carla había ofrecido una alta recompensa por lo que recibió llamadas de personas que aseguraban tener a Benito, pero cuando entregaban al perro, todo era una mentira. Muchas veces ni se parecía.

Pasaron dos años

Una tarde de invierno y a dos años del robo, Mauro, el hermano de Carla, recibió un mensaje en su perfil de Facebook de una persona desconocida.

Quien le escribió le decía que había visto a un perro similar a Benito en una campaña de adopciones en una plaza. Una familia con tres niños pequeños había decidido darle un hogar, pues quedaron fascinados con su carácter.

Ante esto, Mauro consiguió los datos del refugio y fue a verlos, pero sin decirle a su hermana porque ya había pasado por muchas desilusiones y estaba consciente que esta podía ser otra falsa esperanza.

“Pero algo me hizo ruido dentro cuando me contaron del caso, una sensación extraña. Lo tomé como una señal”, señala.

En el refugio le confirmaron que habían dado en adopción a un perro parecido a Benito y que una mujer lo había llevado ahí.

Narraron que la mujer era vecina de un barrio humilde de la zona sur y que desde hace tiempo, había visto a un perro en la casa vecina que no pertenecía allí. Estaba segura de que lo habían robado, ya que eso es muy común en la zona.

La mujer que tiene un profundo amor por los animales y que no soportaba ver los tratos que le daban al cachorro, decidió llevárselo. No fue difícil ya que aprovechó una noche de tormenta en donde el perro estaba afuera mojándose cerca de la reja de la propiedad.

Así llegó al refugio convencida de que alguien le daría una mejor vida.emociones-2268756w280

El reencuentro          

Con las fotos que Mauro llevaba de Benito, convenció al refugio que era suyo por lo que le dieron la dirección de los adoptantes.

Al llegar a la casa, Mauro se emocionó de una manera que nunca imaginó. Su peludo amigo ya era un adulto, estaba más flaco, sus orejas no estaban tan largas quizás porque se había desarrollado más,  pero indudablemente era él. Su mirada traviesa y carácter tan querible seguían intactos.

Mauro se quedó unos instantes en la puerta observando como jugaba con los niños, lo que le causó gran dolor.

“Era una mezcla de sensaciones. Por un lado la alegría y la sorpresa de verlo ahí, después de tanto buscarlo. Pero también me imaginaba el dolor de esos chiquitos si me lo llevaba”, confiesa.

Posteriormente el padre presentó a Mauro a la familia y en ese instante, Benito se acercó a olerlo como a cualquier persona.

“Por un momento pensé ´Me equivoqué´, porque no hizo ningún gesto de reconocimiento. Hasta que lo llamé por su nombre”, y dijo que en ese momento el perro se quedó quieto y paró más sus orejas.

“Benito, Benito”, le dijo.

“Ahí me agaché, se me acercó despacito y me olió con insistencia, como buscando algo. De repente me saltó encima y la sorpresa fue tan grande que me tumbó. Los dueños de casa fueron comprensivos y, como gente que realmente quiere a los animales, entendieron por todo lo que habíamos pasado y me lo dieron, muy a pesar de los chicos”, narra.

Sorpresa para Carla

Mauro no podía ocultar más la noticia y aunque quería que fuera más sorpresa, se lo dio inmediatamente a su hermana, aunque si añadió un pequeño toque.

Al llegar, le pidió a Carla que lo ayudara a bajar una caja del coche, pero para su sorpresa, cuando abrió la puerta se encontró con su amigo sentado en el asiento.

“Mi primera reacción fue quedarme rígida, en shock, no entendía nada. El enano me movía la cola pero no se despegaba del asiento. Cuando reaccioné, me senté en el asiento a su lado y despacito empecé a acariciarlo. No podía parar de llorar, no lo podía creer”, recuerda.

Benito se deslizo lentamente por su regazo y se entregó por completo, como resguardándose para quedarse en ese lugar tan cálido del que nunca debió irse.

Ahora Carla puede seguir saliendo a caminar con Benito, quien no ha perdido la energía de aquellos paseos, aunque el temor de que se repita sigue presente.

“El temor de que vuelva a pasar siempre está, pero es mejor pensar que no, que fue solamente muy mala suerte. Igualmente estamos siempre atentos”, dice Carla.

Al compartir su historia, Carla envía un mensaje a todas esas personas que por una u otra razón, han perdido a su mascota y que aún lo buscan.

“Nunca dejen de buscar, nunca pierdan las esperanzas de reencontrarse con sus amigos, ellos siempre nos estarán esperando. Nunca nos olvidan, y eso nos da fuerza para no abandonar”.

(Con información de La Nación)

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