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Nicotina, generador de la adicción al cigarro

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Nicotina, generador de la adicción al cigarro

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Cada cigarrillo contiene más  de cuatro mil sustancias tóxicas,  pero de todas estas la de mayor preocupación para los científicos es la nicotina, pues es esta la que causa adicción y provoca que las personas fumen pese a que esto les represente el riesgo de una muerte temprana por infarto, enfisema pulmonar, o derrame cerebral, entre otras enfermedades.

Así lo explicó a SUMEDICO el doctor Justino Regalado Pineda, jefe  de la Oficina para el Control del Tabaco del Consejo Nacional Contra las Adicciones (Conadic).

“Lo interesante de la nicotina es que es el compuesto activo que provoca la adicción y por esta razón ha sido la más  manipulada por  los industriales tabacaleros para intensificar su potencia, su absorción a nivel pulmonar,  a fin de facilitar su llegada al sistema nervioso central y se creen más receptores de esta sustancia, haciéndose más grave la adicción”.

Explicó que el humo del cigarro fomenta la generación de receptores en  el sistema linfático del cerebro, donde precisamente  se concentra la carga del placer, “no del erótico, sino del placer en general que tiene que ver con el gusto, la felicidad que provoca cuando vemos a un amigo entrañable, estrenamos una casa o una prenda de vestir, es decir este tipo de sensaciones que son a veces en oleada”.

Esto es común en todas las adicciones, se disparan neurotransmisores, en este caso de la nicotina, lo cual permite la liberación de dopamina que da una sensación tranquilizante y hasta fascinante para los fumadores.

¿Cómo se genera la adicción?

El doctor Regalado Pineda indicó que en la década de los años 60, los cigarrillos eran más rudimentarios, por lo que fumar representaba cierta irritación en las mucosas, por ende no era tan fácil las inhalaciones profundas;  pero ahora, en el afán de ampliar su mercado como una droga lícita, los tabacaleros crearon mecanismos que hacen más suave la aspiración del humo y así logran una mayor manipulación neuronal, en especial en los adolescentes.

“La industria aprovecha que en los adolescentes no ha madurado el lóbulo frontal (que es la parte más nueva del cerebro humano), donde se realizan los procesos que indican qué es bueno o apropiado y lo malo o inapropiado, es decir, dicta lo mismo el cómo vestir así como la forma en que debemos protegernos. Al no tener plena conciencia del peligro que representa el cigarro, aunado a los procesos químicos realizados para que fumar sea más placentero, resulta sumamente fácil que un joven se haga altamente adicto a la nicotina”.

El proceso de maduración del lóbulo frontal, abundó el experto, es una ventana que aprovechan los tabacaleros, pues esta concluye hasta los  20 ó 25 años, es decir, en un lapso de ocho a 13 años generan una enorme adicción.

Es por ello que los jóvenes fuman sin pensar ni meditar en su futuro, para ellos lo más importante es lo que ocurrira la semana entrante y no piensan que a los 30 ó 40 años, en una etapa de plenitud activa, laboral y hasta sexual, pueden fallecer por un infarto, derrame cerebral  cáncer.

Nicotina, la puerta a adicciones mayores

La forma de actuar de la nicotina en el cerebro, explica el por qué el tabaquismo es la apertura a otras adicciones, “esto es muy interesante, investigaciones muestran que un joven fumador  sucumbe más fácilmente  al consumo de alcohol, así como que se multiplica hasta en 10 veces la probabilidad de que consuma drogas ilícitas”, afirmó el doctor Justino Regalado Pineda, jefe  de la Oficina para el Control del Tabaco del Conadic.

Al proseguir en entrevista con SUMEDICO,  expuso que las personas que fuman, en especial los jóvenes, al fumar se percatan de que pueden obtener placer cuántas veces quieran, sin que esto sea motivo de alarma para las personas que lo rodean, pues no registra ningún cambio de conducta, por lo cual puede estimularse cuantas veces quiera,

Y es en este contexto, que el igual que en cualquier adicción, el fumador presenta el primer síntoma, el de la negación y afirma que tienen bajo control su “gusto” por el cigarro y lo pueden “dejar cuando quieran”, precisó el especialista del Conadic, al enfatizar que se encuentran muy equivocados.

“En realidad no es así, porque cuando se es ya adicto, aunque sea en forma muy sutil, se desarrollan diversas conductas, como es el fumar más temprano e incluso inmediatamente después de levantarse, porque al dormir tiene un periodo de abstinencia que le es muy difícil ya de superar; a esto se suman síntomas de ansiedad, depresión e irritabilidad, e incluso de miedo a no poder dejarlo –al tabaco-, porque de pronto se ha creado un vínculo totalmente esclavizante”.

Recaídas aún con tratamientos

Como en cualquier adicción, dejar el cigarro no es fácil se requiere de una tratamiento integral y constante, pues las recaídas se pueden dar al mes, año o mucho más tiempo de haber decidido dejar de fumar,  advirtió el doctor Justino Regalado Pineda, por ello la solución es el aumento de impuestos, hacer que los cigarrillos sean tan caros que no estén al alcance de los adolescentes,

Ex­pli­có que la ma­yo­ría de los tra­ta­mien­tos más efec­ti­vos en el con­tex­to mun­dial, el éxi­to a 12 meses os­ci­la en­tre el 20 a 35 por cien­to, mien­tras que en la clí­ni­ca an­ti­ta­ba­co del Ins­ti­tu­to Nacional de En­fer­me­da­des Res­pi­ra­to­rias (INER) el éxi­to es del 35.

De ca­da 100 pa­cien­tes que to­man el tra­ta­mien­to en el INER, ape­nas 35 se man­tie­nen en abs­ti­nen­cia y eso da a en­ten­der lo com­ple­jo y adic­ti­vo que es el ci­ga­rro o la ni­co­ti­na, co­men­tó el es­pe­cia­lis­ta.

Res­pec­to al cos­to del tra­ta­mien­to far­ma­co­ló­gi­co, el doc­tor Re­ga­la­do co­men­tó que és­te es más o me­nos si­mi­lar en el ca­so de los sus­ti­tu­tos de ni­co­ti­na, co­mo son par­ches, go­mas de mas­car, pi­pa de in­ha­la­ción, me­di­ca­men­tos an­ti­de­pre­si­vos, me­di­ca­men­tos an­ti­ni­co­tí­ni­cos o blo­quea­do­res de re­cep­to­res.

El tra­ta­mien­to de to­do un año tie­ne un cos­to de al­re­de­dor de 3,000 pe­sos, in­for­mó el doc­tor Jus­ti­no Re­ga­la­do al se­ña­lar que si un fu­ma­dor gas­ta anual­men­te en­tre 9,000 y 12,000 pe­sos en ta­ba­co, al fi­nal ten­drá no só­lo un sal­do a fa­vor de al me­nos 6,000 a 9,000 pe­sos, si­no un be­ne­fi­cio in­va­lua­ble pa­ra su sa­lud.

El es­pe­cia­lis­ta in­sis­tió en el pe­rio­do de 12 me­ses, por­que in­di­có que hay mu­chos tra­ta­mien­tos que se pu­bli­ci­tan pa­ra de­jar de fu­mar pe­ro no ga­ran­ti­zan en cuán­to tiem­po, y tam­po­co di­cen si es­to es só­lo pa­ra 3 o 6 me­ses, y co­mo ocu­rre en cual­quier otra adic­ción, el pa­cien­te re­cae.

Lo re­co­men­da­ble es acu­dir a una eva­lua­ción mé­di­ca y evi­tar la au­to­me­di­ca­ción, por­que el pa­cien­te re­quie­re que sea un es­pe­cia­lis­ta el que se ha­ga res­pon­sa­ble de su tra­ta­mien­to pa­ra no su­mar­se a la gran ta­sa de fra­ca­so.

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