Implantes de seno: desde la cera hasta la soya

Cirujanos austriacos fueron los primeros en experimentar con el aumento del tama...

12/01/2012 9:29
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Cera, esponjas marinas, esferas de vidrio, tejido adiposo, bolsas con agua salina, silicón y bolsas con aceite de soya, son algunas de las sustancias y materiales que, desde hace 115 años se han utilizado en el largo camino para aumentar el tamaño o la forma de los senos femeninos a través de las cirugías.

Muchos de estos experimentos han sido desastrosos, mientras que otros han sido tan efectivos que las cirugías de aumento de seno hoy se cuentan por decenas de millones en todo el mundo. Sólo en Estados Unidos se calcula que 4 millones de mujeres se han hecho esta operación y en México se practican más de 70 mil cirugías de implante de seno cada año.

Empezó en el siglo XIX

Fueron cirujanos austriacos los primeros que experimentaron en el intrigante campo de perfeccionar la belleza femenina aumentando el tamaño o modificando la forma del busto, aunque ninguno de sus métodos experimentales tuvo arraigo entre sus colegas por diferentes complicaciones.

El injerto más antiguo del que se tiene registro fue realizado en 1895 por el médico austriaco-alemán Vicenz Czerny, quien realizó importantes contribuciones a la comprensión del cáncer. Él también realizó el injerto más temprano utilizando tejido adiposo de una mujer, el cual había extraído de un lipoma o tumor benigno retirado de su espalda. Fue un caso único debido al interés de Czerny enfocado al estudio del cáncer.

Cuatro años después, su colega austriaco Robert Gerzuny comenzó a experimentar con inyecciones de parafina y vaselina en regiones del busto para agrandar su tamaño. Esta técnica tuvo resultados negativos, con complicaciones que obligaron a retirar los implantes, pero sentaron las bases para el uso de nuevos materiales en la cirugía plástica.

Al llegar el siglo XX el interés de los cirujanos en el tema del agrandamiento de senos y el interés de las propias pacientes, llevó a experimentar con materiales que hoy parecerían descabellados como el marfil, esferas de vidrio, caucho de suela, cartílago de buey, pastillas de polietileno, esponja de polímero de alcohol, esponjas de mar y esponjas de poliéster.

En prácticamente todos estos casos, el resultado fue un rechazo biológico del cuerpo femenino al recibir objetos extraños. Este tipo de rechazo, que se manifiesta con fiebres, fuertes dolores y, en algunos casos, con infecciones, obligó a retirar estos implantes pioneros.

Estética de la posguerra

En la primera mitad del siglo XX abundaron los intentos por encontrar una técnica confiable y segura para agrandar los senos, pero fue hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial cuando se presentó el verdadero boom en cuanto a las técnicas y cirugías de agrandamiento de busto.

El último fracaso en esta experimentación, antes del verdadero éxito masivo, ocurrió en 1950 cuando se popularizaron las inyecciones directas de silicona. Se estima que en Estados Unidos y Europa 50 mil mujeres recibieron este tipo de inyecciones, que posteriormente derivaron en el desarrollo de granos de silicona dentro de los senos y endurecimiento que llegaba a ser tan severo que provocó mastectomías.

El verdadero crecimiento exponencial en las cirugías de seno llegó hasta 1963 cuando los doctores Cronin y Gerow idearon los primeros implantes de mama que consistían en bolsas de láminas de silicona rellenas de aceite de silicona con pureza extrema.

El éxito de estos implantes se multiplicó cuando la famosa y reconocida modelo británica Twiggy, quien aparecía frecuentemente en las portadas de la revista Vogue, reconoció públicamente el uso de estos implantes.

A partir de esa década, decenas de miles de mujeres en todo el mundo comenzaron a acudir con cirujanos plásticos para levantar el volumen de sus senos o hacer modificacionesa la inclinación de los mismos.

Agua salina

En los años 80 una nueva aportación biomédica estimuló la adopción de los implantes, la invención de las prótesis rellenas con agua salina. Médicos daneses comenzaron a utilizar una solución salina llamada Dextran que tenía por lo menos tres ventajas: permitía una mejor manipulación del cojinete durante la cirugía; una vez colocado transmitía mejor la temperatura natural del pecho y, en caso de que la prótesis se desplazara, era más fácil “reacomodarla” desde el exterior.

Los implantes salinos Dextran funcionaron muy bien al principio, pero una investigación realizada en la propia Dinamarca señaló que esta solución salina y carbohidratada facilitaba que aparecieran hongos en la superficie del cojinete.

Aunque los defensores del Dextran probaron que la microflora que crecía en este tipo de cojines no representaba un problema clínico, la baja en la demanda obligó a los fabricantes a modificar la fórmula salina, que es la que actualmente se usa y que disminuyó el porcentaje de carbonatos para evitar la presencia de huéspedes no deseados.

¿Futuro de soya?

En la actualidad existen decenas de prótesis para implantes de seno, fabricadas principalmente de silicones purificados y de soluciones de agua salina. Este conjunto podría ampliarse con un tercer material que se ha probado a nivel experimental durante los últimos 20 años pero que aún no se ha usado masivamente entre cirujanos: el aceite de soya.

En 1990 el doctor Leroy Young, de la Universidad Washington, en San Luis, concibió la posibilidad de usar un tipo especial de aceite de soya, llamado Z6, para llenar los implantes de seno y así proveer a las pacientes de un material con menos densidad que el silicón y las soluciones salinas, y que permitiría una mejor visualización de las mamografías que las que permiten los actuales cojinetes.

Las investigaciones del doctor Young fueron conocidas por el pequeño laboratorio suizo LipoMatrix, el cual canalizó ayuda financiera para proseguir estos estudios. Algunas pruebas con este tipo de implante se hicieron en Suiza en 1994 y en Inglaterra en 1995, pero debido a los altos costos de este y otros proyectos Lipo Matrix tuvo que entrar en un duro periodo de ajuste financiero y terminó en venta. Finalmente, en 1998 fue comprada por la farmacéutica Sierra Madre Technologies.

Aunque hubo intentos de introducir masivamente este tipo de implantes no se ha podido avanzar mucho desde la etapa experimental debido al éxito de las actuales prótesis.

Quienes defienden los implantes rellenos de aceite de soya afirman que, además de que facilitaría la realización de mamografías entre las pacientes con este tipo de prótesis, en caso de romperse en el interior del cuerpo del pacientes el nivel de toxicidad sería muy bajo, en comparación con el silicón y la solución salina.

Como punto en contra, los implantes de aceite de soya tienen el problema que, debido a su menor densidad, esta alternativa corre el riesgo de derramarse si recibe mucha presión y de arrugarse y deformarse si se coloca en mujeres muy delgadas.

Si habrá una adopción masiva de los implantes de aceite de soya o si nuevos materiales harán parecer ridículas a estas ideas, sólo las mujeres del futuro podrán respondernos. 


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