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Cumple 36 años la primera bebé de probeta

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Cumple 36 años la primera bebé de probeta

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Al celebrar su cumpleaños 36, este viernes 25 de julio, la británica Louis Joy Brown celebrará también el caminar en la punta de un grupo de 5 millones de seres humanos que comparten una característica común: ser hombres y mujeres que nacieron gracias a las técnicas de fertilización en vitro; son “bebés de probeta”.
 
No pasó un día de vida antes de que los periodistas abarrotaran los pasillos del Hospital General Oldham y que convirtieran en una celebridad  mundial a la pequeña Louis Joy Brown. En todos los diarios británicos se discutían dos temas: ¿sobreviviría la primera bebé concebida en un tubo de ensayo? Y ¿era ético que la medicina contemporánea interviniera en los proceso naturales de reproducción?
 
Los encabezados de los periódicos atraían a más ciudadanos a involucrarse en el tema: “Súper-bebe”, publicó como encabezado principal la edición extra del Evening News; “Es una niña”, informaba el Daily Express, “Niña de probeta” fue el titular más grande del Daily Mirror; “Y aquí está… la adorable Louis”, decía la portada del Daily Mail acompañando sus palabras de una fotografía de la bebé 18 horas después de nacida.
 
Pesó dos kilos 600 gramos y nació por medio de una operación de cesárea. Sus padres habían intentado, infructuosamente, concebir durante nueve años. Sin rendir su propósito, acudieron a hospitales para investigar el origen de este impedimento y así conocieron, a principios de 1977 a un investigador de la Universidad de Cambridge que llevaban más de 25 años haciendo estudios para lograr la reproducción asistida de conejos: Robert Geoffrey Edwards.
 
Después de más de seis meses de conversaciones, exámenes médicos y debates ante comités de bioética de la Universidad de Cambridge y del Hospital General Oldham, en noviembre de 1977 la pareja formada por John y Lesley Brown se presentó a la clínica para ser los pioneros en participar en un procedimiento de Fertilización In Vitro (FIV).
 
Bajo la supervisión estrecha del fisiólogo Robert Edwards y del cirujano Patrick Steptoe se realizó la unión en laboratorio de un óvulo saludable de la madre, con un espermatozoide del padre y posteriormente se implantó esta unión en el útero de la madre.
 
Aunque la prensa llamó a la niña “bebé de probeta”, técnicamente lo correcto es decir que el óvulo y el espermatozoide de sus padres se unieron en una Caja de Petri, que es una especie de plato de vidrio de laboratorio.
 
Cinco millones de bebés
Desde 1978 hasta 1982 sólo se realizaron cuatro procesos de Fertilización In Vitro, en todo el mundo. Era tan restringido el proceso y tan estrictamente supervisado que, incluso, la primera y la cuarta bebé fueron hijas de la misma pareja: primero nació la famosa “súper bebé” Louis.
Cuatro años después nació, con la misma técnica, su hermana Natalie.
 
Cada avance en el crecimiento de la pequeña Louis, cada paso de su joven y observada vida y cada muestra de que era una bebé normal estimulaban la esperanza de que se multiplicaran estos procecimientos.
 
En 1984 Estados Unidos y diferentes países europeos aprobaron el realizar tratamientos similares en sus territorios, supervisados por comités de cirujanos y expertos en bioética. Tres décadas después, la Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología (ESHRE) reportó que en el mundo ya suman 5 millones de nacimientos por medio de reproducción asistida.
 
“Definitivamente fue un parteaguas en la medicina que nos hace sentir muy orgullosos del trabajo médico”, dice en entrevista con SUMÉDICO el director del Instituto Especializado en Fertilidad y Salud Reproductiva, Abraham Martínez.
 
“Una Fertilización In Vtiro consiste, básicamente, en cuatro pasos esenciales: hacemos primero una estimulación ovárica, que dura unos diez días, en los cuales observamos el desarrollo folicular para hacer la extracción de los óvulos. Ese día que se hace la extracción de óvulos se hace la fecundación, es decir que unimos el óvulo con el espermatozoide y posteriormente les damos las condiciones a los nuevos embriones para que tengan un desarrollo adecuado”, indica el experto mexicano que forma parte de un equipo que ha logrado embarazos exitosos  por medio de FIV en mujeres de hasta 50 años de edad.
 
“Cuando tenemos embriones de cinco días, que tienen alto potencial para implantarse hacemos el paso final, que es la transferencia y llevar esos embriones que tenemos en laboratorio al útero de la futura madre”, apunta Martínez.
 
Merecedor del Nobel
Conforme fue creciendo, la pequeña Louis Joy Brown transcurrió el camino normal de una vida saludable. En sus primeros diez años siguió teniendo visitas de periodistas y entrevistas cíclicas a las que frecuentemente respondía levantando los hombros cuando le preguntaban qué se sentía ser la primera bebé de probeta.
 
Rubia, regordeta, saludable, a los 26 años de edad se casó con un joven que trabajaba como guardia en el club nocturno WesleyMullinder. Con él procrearía, de manera natural, su primer hijo, al que llamó Cameron.
 
La boda fue una gran celebración en la que estuvieron su padre y su madre. Quienes alcanzarían a conocer a su nieto antes de fallecer. También estuvo su hermana Natalie y su padrino, el doctor Robert Edwards, ganador del Premio Nobel de Medicina en el año 2010 y reconocido mundialmente como el genio que concibió la posibilidad de fertilizar artificialmente a una mujer desde que se graduó como biólogo de la Universidad de Gales, en 1955.
 
Poco después de graduarse comenzó a interesarse e investigar en el campo de la reproducción. Trabajó en el National Institute for Medical research de Mill Hill en Londres antes de pasar a colaborar, en 1963, con la Universidad de Cambridge. Durante este tiempo se dedicó a desarrollar y perfeccionar modelos animales para poder aplicar con éxito la técnica de la fecundación in vitro en humanos.
 
En 1968 el ginecólogo Patrick Steptoe se cruzó en su camino. Fue en una conferencia donde describió cómo obtener óvulos mediante laparoscopia. Este procedimiento resolvía uno de los mayores problemas a los que se enfrentaba Edwards: acceder de forma poco agresiva a los óvulos que se fecundarían en el laboratorio. A partir de entonces, comenzó una fructífera colaboración que acabó con el nacimiento de Louise Brown, la mujer que camina en la punta de un grupo de 5 millones de seres humanos, llamados los “bebés de probeta”.

 

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